La "España vaciada" no es una descripción neutra del territorio: es una narrativa que produce lo que describe. Cuando un estudiante de El Bierzo crece en una escuela donde los libros de texto no reflejan su entorno, cuando los medios de comunicación retratan su pueblo solo como lugar de carencias, cuando la cultura popular usa el campo como símbolo de atraso o de escapada romántica, las condiciones para que nadie quiera quedarse están ya construidas antes de que las políticas de repoblación empiecen a funcionar.
El relato dominante sobre el rural español en los medios de comunicación, los libros de texto y la cultura popular funciona como una profecía autocumplida: describe el territorio rural como deficitario, carente y condenado al declive, y esa descripción produce las condiciones bajo las cuales los jóvenes que crecen en él no quieren quedarse, los inversores no ven oportunidades y las políticas se diseñan para compensar carencias en lugar de activar activos. Este cuaderno analiza las tres narrativas dominantes sobre el rural español — el estereotipo de atraso, la idealización neorrural y el relato victimista de la España vaciada — y sus consecuencias políticas y culturales. Examina el giro rural literario y mediático de la última década, distingue entre la ruralidad como telón de fondo y como espacio de vida con dimensión propia, y propone una agenda de construcción narrativa que ni romantiza ni victimiza, sino que reconoce la complejidad real de los territorios rurales.
The dominant narrative about rural Spain in the media, textbooks and popular culture functions as a self-fulfilling prophecy: it describes rural territory as deficient, lacking and doomed to decline, and that description produces the conditions under which young people growing up there do not want to stay, investors see no opportunities and policies are designed to compensate for deficits rather than activate assets. This workbook analyses the three dominant narratives about Spanish rural areas — the backwardness stereotype, neo-rural idealisation and the victimist narrative of La España Vaciada — and their political and cultural consequences. It examines the literary and media rural turn of the last decade, distinguishes between rurality as backdrop and as a living space with its own dimension, and proposes a narrative-building agenda that neither romanticises nor victimises, but recognises the real complexity of rural territories.
Hay una investigación reciente sobre el imaginario colectivo que construye la escuela en una comarca de la España vaciada — El Bierzo, León — que merece leerse con atención. Su conclusión principal es que el profesorado y el alumnado perciben que el valor del mundo rural está invisibilizado u olvidado en libros de texto y materiales escolares, y que las expectativas de la práctica escolar están marcadas por un imaginario urbano que no pone suficientemente en valor el entorno rural en el que se vive (Díez-Gutiérrez, 2023). La hipótesis de partida de esa investigación es la que articula este cuaderno: para cambiar la creciente despoblación de las zonas rurales es necesario construir un relato de esperanza. Si no hay un futuro deseable en la zona rural, es difícil que haya quien desee habitarla.
Eso no es una afirmación voluntarista. Es la descripción de un mecanismo: los relatos sobre los territorios —quién los cuenta, desde qué perspectiva, con qué vocabulario y con qué expectativas— producen las decisiones individuales sobre dónde vivir, las políticas públicas que se diseñan para esos territorios y las inversiones que se hacen o no se hacen en ellos. No hay ninguna decisión sobre el rural que sea previa al relato sobre el rural. El imaginario colectivo es la condición de posibilidad de la política.
El término "imagen sesgada, victimizada y desvirtuada" aparece en varios estudios sobre la representación mediática y educativa del rural. No es casual. Hay un patrón de representación que selecciona sistemáticamente los elementos de carencia — pueblos sin servicios, envejecimiento, abandono — y minimiza los elementos de valor — comunidad, calidad de vida, servicios ecosistémicos, innovación desde el territorio. Ese patrón no refleja la realidad: la construye parcialmente. Y las políticas que responden a ese relato construyen el rural que el relato ha descrito.
No hay un único relato sobre el rural español. Hay al menos tres que conviven y que, aunque aparentemente opuestos, comparten un defecto común: ninguno describe el rural como es, desde dentro, en su complejidad real.
El rural como territorio residual, premodernoono modernizable. El pueblo como sinónimo de falta de oportunidades, pobreza, emigración inevitable y destino de quien no pudo llegar a la ciudad. Este relato domina los medios de comunicación cuando cubren el reto demográfico: pueblos que se mueren, ancianos solos, casas abandonadas, niños que se van para no volver.
Sus consecuencias políticas son directas: si el rural es déficit, la política correcta es compensarlo con transferencias. No hay activos que activar, hay carencias que corregir. El habitante rural aparece como receptor pasivo de políticas diseñadas en otro lugar.
El rural como escapatoria de la ciudad, como paraíso de autenticidad, silencio y comunidad frente al estrés urbano. El campo como antídoto a la modernidad, como recuperación de algo perdido. Este relato domina cierta literatura de moda, los suplementos de estilo de vida y las narrativas del teletrabajador que "se va al pueblo".
Sus consecuencias políticas son distintas pero igualmente problemáticas: el rural como objeto de deseo urbano, no como lugar de vida permanente con sus propias tensiones y dificultades. El habitante rural de toda la vida desaparece de este relato, o aparece como decorado de la experiencia del recién llegado.
El rural como espacio con lógica propia, contradicciones reales y sujetos con agencia. No el campo como problema ni como solución, sino como territorio donde se vive con sus propias tensiones, sus innovaciones y su conocimiento acumulado. Este relato existe pero es más difícil de encontrar en los medios nacionales: se construye desde dentro, con voces del propio territorio.
Sus consecuencias políticas potenciales son las más fértiles: si el rural es un sistema con activos y capacidad de agencia, las políticas que corresponden son de apoyo a esa agencia, no de compensación de carencias ni de transformación en destino turístico para urbanitas.
En la última década, el rural ha entrado de forma notable en la literatura, el cine y los medios de comunicación españoles. El ensayo de Sergio del Molino La España vacía (2016) contribuyó a acuñar el concepto que articula el debate político; Feria de Ana Iris Simón (2021) recibió atención mediática como alegato moderno a favor de lo rural; Tierra de mujeres de María Sánchez (2019) y Panza de burro de Andrea Abreu (2020) tradujeron realidades rurales específicas a lectores urbanos. Los investigadores hablan de un "giro rural" en la cultura española contemporánea, un desplazamiento del interés hacia los territorios y las vidas que la cultura dominante había ignorado.
Ese giro es real y valioso. Pero tiene límites que los propios investigadores señalan. El más importante es la distinción entre los relatos sobre el rural que se generan desde dentro — con conocimiento directo, vocabulario específico y experiencia vivida — y los que usan el rural como telón de fondo para historias sobre la identidad urbana contemporánea. Los primeros construyen una representación, los segundos la consumen.
| Obra / autor | Tipo de ruralidad | Perspectiva | Relevancia para la narrativa rural |
|---|---|---|---|
| Tierra de mujeres — María Sánchez (2019) | Ganadería, campo andaluz, trabajo agrario cotidiano | Desde dentro. La autora es veterinaria rural | Alta. Reconstruye el vocabulario de lo rural desde quien lo vive. Hace visible el trabajo invisible de las mujeres en el campo. |
| La España vacía — Sergio del Molino (2016) | Interior despoblado español como problema cultural | Desde fuera. Relato autobiográfico de un periodista urbano | Alta en visibilidad política del problema. Limitada en dar voz a quienes viven en el territorio que describe. |
| Feria — Ana Iris Simón (2021) | Pueblo castellano-manchego, vida familiar extensa | Desde dentro/recuperación de memoria familiar | Alta. Construye un relato de pertenencia sin idealización. Reivindica el valor de lo que se pierde sin romantizarlo. |
| Los asquerosos — Santiago Lorenzo (2018) | Pueblo abandonado como refugio de la ciudad | Desde fuera. El rural como escapatoria urbana | Media. El rural es telón de fondo para un relato sobre la vaciedad urbana. La ruralidad no tiene voz propia en el texto. |
| Panza de burro — Andrea Abreu (2020) | Canarias rural de principios del 2000 | Desde dentro. Lenguaje y experiencia locales | Alta. Traduce una ruralidad específica con su propio vocabulario y ritmo. El territorio es sujeto, no escenario. |
La investigación de Díez-Gutiérrez (2023) sobre el imaginario rural en las escuelas del Bierzo es un ejemplo de cómo el relato educativo reproduce el problema que pretende resolver. Los profesores y estudiantes entrevistados señalan que los materiales educativos reflejan fundamentalmente un imaginario urbano: los ejemplos de actividades económicas son industriales y de servicios, los contextos son urbanos, la vida que describe el libro de texto no se parece a la que rodea a quienes lo usan.
El resultado no es solo una cuestión pedagógica: es una cuestión de pertenencia. Un estudiante que crece en un contexto donde su entorno no aparece en los libros, donde sus padres o abuelos no aparecen como agentes económicos relevantes, donde el futuro que le describe la escuela está en la ciudad, recibe un mensaje implícito claro: aquí no es el lugar donde pasan las cosas importantes. Ese mensaje —no la falta de infraestructuras ni la ausencia de servicios — puede ser el factor más determinante en la decisión de marcharse o quedarse.
La misma investigación señala que para cambiar la creciente despoblación es necesario construir un relato de esperanza que ponga en valor por qué es deseable habitar los pueblos. No como propaganda ni como negación de las dificultades reales, sino como reconocimiento honesto de que hay vida valiosa, conocimiento acumulado y posibilidades reales en esos territorios que el sistema educativo no ha sabido nombrar.
El objetivo no es sustituir el relato negativo por uno positivo. Es sustituir un relato parcial e incompleto por uno que sea capaz de capturar la complejidad real del rural: sus activos y sus dificultades, su conocimiento y sus urgencias, su pasado y sus posibilidades.
Los currículos escolares y los materiales didácticos deben reflejar la diversidad de contextos en que viven los estudiantes españoles, incluyendo el rural. No como capítulo especial sobre "el campo" sino como parte natural del contexto económico, social, científico y cultural que los libros de texto describen. Las ciencias naturales que hablan de ecosistemas sin mencionar los pastizales de alta montaña, la historia económica que omite la ganadería extensiva: esas ausencias producen el imaginario urbanocentrado que la investigación documenta.
La Revista Salvaje, los corresponsales rurales, los podcasts hechos desde pueblos, los documentales de comunidades locales: todos producen representaciones del rural desde dentro, con conocimiento directo y sin los filtros del relato urbanocentrado. El apoyo institucional y los fondos de cultura deberían priorizar explícitamente esas producciones frente a las que usan el rural como escenario desde fuera. La propuesta no es censura: es discriminación positiva hacia las voces que el sistema ha silenciado.
Las políticas que hablan de "territorios en riesgo", "zonas de baja densidad", "áreas con necesidades especiales" construyen una representación de déficit que el territorio interioriza y reproduce. Las políticas que hablan de "territorios con activos únicos", "zonas de alta biodiversidad", "comunidades con capital social diferenciado" no ignoran los problemas, pero parten de los activos en lugar de las carencias. Ese cambio de vocabulario no es propaganda: es una elección política sobre qué se decide ver y qué no.
Si los futuros maestros no han tenido ningún contacto formativo con las realidades de las escuelas rurales — su pedagogía específica, su relación con el territorio, su papel como institución de arraigo — llevarán a esas escuelas un imaginario urbano que es parte del problema. La formación específica sobre escuelas rurales en los grados de Educación es una demanda documentada de la investigación educativa española que sigue sin implementarse en la mayoría de las universidades.
No hay datos sistemáticos sobre cómo se representa el rural en los medios de comunicación nacionales, en los libros de texto, en las series de televisión o en el cine. Los proyectos de investigación como RURALIM de la Universidad Rovira i Virgili son excepciones académicas. Crear un observatorio permanente que documente esas representaciones, identifique los patrones y genere datos para el debate público daría base empírica a lo que hoy son percepciones difusas.
La narrativa no es una palanca política directa. Cambiar los libros de texto no vacía los pueblos más lentamente; formar a los profesores en escuela rural no crea empleos donde no los hay. Pero el relato condiciona qué soluciones parecen posibles, quién tiene voz en el debate y qué se considera un éxito o un fracaso. Esas condiciones de posibilidad importan.