Galicia tiene una Ley de Ordenación del Territorio, un Plan Forestal, una Ley de Recuperación de la Tierra Agraria, un Banco de Tierras, un Catálogo de Suelos, programas LEADER, planes comarcales y ayudas de la PAC. Lo que no tiene es un sistema en el que todos esos instrumentos hablen entre sí y produzcan decisiones coherentes sobre el mismo territorio. El resultado visible son los incendios, el abandono y la parcelación sin resolver, mientras coexisten leyes que identifican exactamente el mismo problema con exactamente las mismas palabras desde hace décadas.
Galicia dispone de un marco normativo extenso para la ordenación de su territorio rural: la Ley de Ordenación del Territorio (2021), la Ley de Recuperación de la Tierra Agraria (2021), la Ley de Montes (2012), el Plan Forestal 2021-2040, las Directrices de Ordenación del Territorio y múltiples planes sectoriales. Sin embargo, la coexistencia de todos esos instrumentos no ha producido una gobernanza territorial integrada: ha producido una superposición de competencias sectoriales que toman decisiones sobre el mismo territorio de forma independiente. Este cuaderno analiza el problema de la gobernanza fragmentada del territorio rural gallego, examina sus causas estructurales — la ausencia de una escala intermedia de planificación real entre el municipio y la comunidad autónoma, la lógica sectorial de las consejerías, la dificultad histórica de agregar la propiedad fragmentada — y propone un modelo de gobernanza territorial integrada que Galicia tiene las instituciones y el conocimiento para construir, aunque falte aún la voluntad política de hacerlo.
Galicia has an extensive regulatory framework for rural land management: the Land Use Planning Act (2021), the Agricultural Land Recovery Act (2021), the Forests Act (2012), the 2021-2040 Forest Plan, the Land Use Guidelines and multiple sectoral plans. However, the coexistence of all these instruments has not produced integrated territorial governance: it has produced an overlap of sectoral competences that take decisions about the same territory independently. This workbook analyses the problem of fragmented governance of Galician rural territory, examines its structural causes — the absence of a real intermediate planning scale between the municipality and the autonomous community, the sectoral logic of departments, the historical difficulty of aggregating fragmented ownership — and proposes a model of integrated territorial governance that Galicia has the institutions and knowledge to build, even if the political will to do so is still lacking.
Hay una frase que aparece, con ligeras variaciones, en casi todos los documentos de política territorial gallega de los últimos cincuenta años: la excesiva fragmentación de la propiedad, el abandono de las tierras y la falta de coordinación entre usos agroforestales son la causa de los principales problemas ambientales y socioeconómicos del territorio rural gallego. La frase está en la exposición de motivos de la Ley de Recuperación de la Tierra Agraria de 2021. Estaba, con palabras casi idénticas, en la Ley de Mejora de la Estructura Territorial Agraria de 2015. Estaba en las Directrices de Ordenación del Territorio de 2011. Y en documentos anteriores que se remontan décadas.
El diagnóstico está claro. Lo que no está claro es por qué, con ese diagnóstico repetido y ese arsenal legislativo acumulado, el problema sigue exactamente igual. Parte de la respuesta es simple: legislar no es lo mismo que implementar. Las leyes tienen mecanismos que requieren presupuesto, voluntad política y capacidad administrativa para operar. Sin esas tres cosas, un texto normativo es solo una declaración de intenciones bien redactada. Pero hay algo más profundo: el problema de la gobernanza territorial gallega no es solo de implementación. Es estructural.
Esa observación de 2010 sigue siendo válida en 2026. Galicia tiene 313 municipios, muchos de ellos demasiado pequeños para tener capacidad técnica propia, y una escala autonómica demasiado grande para tomar decisiones sobre usos del suelo concretos. En el medio, el vacío institucional de la escala comarcal, que se abordó en los años noventa con la creación de 53 comarcas y sus correspondientes consejos pero sin dotación de competencias reales de planificación territorial. El resultado es que cada municipio toma sus decisiones sobre el suelo rústico con su criterio particular, y la Xunta suma esas decisiones municipales a sus propios planes sectoriales — forestal, agrario, energético, de infraestructuras — sin un instrumento de síntesis que garantice coherencia.
El problema de Galicia no es la ausencia de instrumentos. Es la ausencia de coordinación entre instrumentos que existen y que deberían hablar entre sí pero no lo hacen sistemáticamente. La siguiente revisión de las principales piezas legislativas lo ilustra: todas identifican el mismo problema y proponen instrumentos complementarios que, en la práctica, operan en paralelo sin articularse.
Establece el marco general de instrumentos de planificación territorial: Directrices de Ordenación del Territorio, Planes Territoriales Integrados y Planes Sectoriales. Reconoce la necesidad de coordinación entre planeamiento sectorial y municipal.
Crea mecanismos para movilizar tierras abandonadas, desarrolla el Banco de Tierras de Galicia, crea los polígonos agroforestales y el Catálogo de Suelos Agropecuarios y Forestales. Reconoce explícitamente que la fragmentación y el abandono causan los incendios.
Define el marco de gestión forestal sostenible, las comunidades de montes vecinales en mano común y los instrumentos de ordenación forestal. Establece que el Plan Forestal de Galicia tendrá fuerza vinculante en materia forestal.
Revisión del Plan Forestal orientada a la neutralidad carbónica. Define objetivos de gestión forestal sostenible, biodiversidad, prevención de incendios y bioeconomía forestal. Reconoce la necesidad de coordinación con la planificación agroforestal.
Anticipó muchos de los problemas que la Ley de 2021 intentó resolver: fragmentación de la propiedad, abandono de tierras, necesidad de concentración parcelaria. Creó instrumentos que se desarrollaron de forma parcial y que la ley de 2021 amplió.
La Ley de Recuperación de la Tierra Agraria de 2021 describe con precisión la fragmentación de la propiedad: pequeñas parcelas dispersas pertenecientes a propietarios que frecuentemente residen fuera de Galicia, con situaciones hereditarias complejas no resueltas. Pero esa fragmentación de la propiedad está superpuesta a otras dos fragmentaciones que la política territorial gallega no puede resolver tan fácilmente porque son estructurales al sistema de gobierno.
La fragmentación de la gestión es el resultado de una organización administrativa por consejerías sectoriales (Medio Rural, Medio Ambiente, Economía, Infraestructuras) que toman decisiones sobre el mismo territorio con criterios distintos y mecanismos de coordinación insuficientes. Un parque eólico, una concentración parcelaria y una repoblación forestal pueden estar ocurriendo en zonas contiguas o superpuestas del mismo municipio, gestionados por tres organismos distintos con plazos, criterios y presupuestos independientes.
La fragmentación de la escala es la ausencia de una escala comarcal real con competencias de planificación. Los 313 municipios gallegos tienen capacidades muy desiguales: algunos tienen técnicos urbanistas propios, la mayoría no. Sin embargo, las decisiones sobre el suelo rústico municipal son competencia municipal. La escala comarcal, que sería la adecuada para articular decisiones de uso del suelo en zonas que traspasan límites municipales, no tiene en Galicia las competencias necesarias para ejercer esa función.
municipios gallegos, de los cuales la mayoría sin capacidad técnica propia para planificación territorial
comarcas definidas en Galicia con consejos comarcales sin competencias reales de planificación
de abandono en zonas de especial abandono según la Ley de Recuperación de la Tierra Agraria de 2021
hectáreas ardidas en España en agosto de 2025, con Galicia como territorio particularmente afectado
La gobernanza territorial fragmentada no produce solo ineficiencias: produce contradicciones activas, donde decisiones tomadas por organismos distintos sobre el mismo territorio se anulan mutuamente o generan consecuencias que ninguno había previsto. La siguiente tabla documenta algunos patrones recurrentes en el territorio rural gallego.
| Intervención | Organismo | Objetivo declarado | Consecuencia no prevista / contradicción |
|---|---|---|---|
| Repoblación forestal con eucalipto o pino | Consejería de Medio Rural (sector forestal) / propietarios privados | Rentabilidad forestal a corto plazo, aprovechamiento de tierras abandonadas | Aumenta la carga de combustible y el riesgo de incendios. Desplaza usos agrarios y pastorales que habrían mantenido el territorio gestionado. Contradice los objetivos del Plan Forestal de biodiversidad. |
| Parques eólicos en suelo rústico | Consejería de Economía / promotores privados con autorización autonómica | Transición energética, captación de inversión, reducción de emisiones | Fragmenta fincas agrarias y pastorales. En zonas de alta fragmentación previa, complica más la eventual concentración parcelaria. Los planes sectoriales de eólico no coordinan con los planes de recuperación agraria. |
| Concentración parcelaria | Consejería de Medio Rural (sector agrario) | Reducir la fragmentación, mejorar la viabilidad de las explotaciones, facilitar la mecanización | En algunas zonas, la concentración ha favorecido la especialización ganadera intensiva en detrimento de la diversidad de usos. El proceso es lento y en muchos municipios no se ha iniciado. |
| Áreas de especial interés agrario (clasificación municipal) | Ayuntamientos (planificación urbanística) | Proteger el suelo agrario de la transformación en urbanizable | La capacidad de los ayuntamientos para resistir presiones de recalificación es variable. Sin planificación supramunicipal que proteja las zonas de mayor vocación agraria, la protección depende de la voluntad política municipal. |
| Turismo rural y alojamientos en zonas costeras | Consejería de Turismo | Diversificación económica del rural costero, fijación de ingresos locales | La regulación de alojamientos turísticos no coordinó con la ordenación territorial. El auge de plataformas tipo Airbnb tensionó el mercado de vivienda en zonas costeras sin que la planificación territorial lo hubiera previsto. |
Una gobernanza territorial integrada para el rural gallego requiere operar simultáneamente en cuatro escalas, cada una con funciones distintas que los instrumentos actuales no están diseñados para ejercer de forma articulada.
Decisiones sobre usos específicos del suelo, derechos de propiedad, movilización de tierra abandonada.
Planificación urbanística del suelo rústico, protección de usos agrarios, gestión de servicios básicos.
Coordinación de usos del suelo entre municipios, planificación de infraestructuras rurales, gestión de bienes comunes supramunicipales.
Marco normativo, grandes planes sectoriales, asignación de recursos europeos y presupuestarios, coordinación interconsejerías.
El análisis publicado en la Revista Galega de Economía (2025) sobre el Catálogo de Suelos Agropecuarios y Forestales es explícito: el catálogo debería elaborarse a escala comarcal para capturar las especificidades de cada zona, pero dividirlo más (a escala municipal) implicaría volver a la planificación fragmentada y a la falta de visión territorial estratégica. En otras palabras, los propios instrumentos de la Ley de Recuperación de 2021 requieren una escala comarcal de planificación que no existe con las competencias necesarias para ejercerla.
Las propuestas que siguen no requieren crear instituciones nuevas desde cero. Galicia tiene las piezas. Lo que falta es ensamblarlas: dar a la escala comarcal competencias reales, crear el instrumento de síntesis entre planes sectoriales y establecer presupuesto para la implementación, no solo para la legislación.
Los Grupos de Acción Local que gestionan los programas LEADER tienen presencia en todo el territorio rural gallego y experiencia en desarrollo local. Convertirlos, con los ajustes necesarios, en organismos con competencias de planificación territorial vinculante a escala comarcal — para el suelo rústico, los usos agroforestales y las infraestructuras rurales — daría a la escala intermedia la que actualmente falta su función real, sin crear nueva burocracia.
Un instrumento de coordinación entre las consejerías con competencias sobre el territorio rural (Medio Rural, Medio Ambiente, Economía, Infraestructuras, Turismo) con carácter vinculante para que las decisiones sectoriales con impacto territorial pasen por un proceso de coherencia con la planificación general. No es nueva burocracia: es el mecanismo que impide que un parque eólico se autorice sin considerar su impacto en los planes de recuperación agraria del mismo territorio.
El Catálogo de Suelos Agropecuarios y Forestales, creado por la Ley de Recuperación de la Tierra Agraria, avanza muy lentamente. Su elaboración a escala comarcal — como señala la investigación de la USC — es la escala adecuada para capturar la diversidad territorial sin fragmentar más la planificación. Dotarlo de presupuesto y de personal técnico especializado en cada una de las 53 comarcas es la condición para que opere a una velocidad útil.
Los parques eólicos en suelo rural gallego se autorizan mediante plan sectorial que, aunque sometido a evaluación de impacto ambiental, no está vinculado a los planes de recuperación agraria o forestal del mismo territorio. Establecer esa vinculación — que la autorización de nuevas instalaciones energéticas en suelo rural requiera un informe de compatibilidad con el Catálogo de Suelos y los planes de recuperación agroforestal vigentes — es un cambio procedimental que no impide la transición energética pero la hace compatible con la planificación territorial.
El patrón gallego de diagnóstico repetido y resolución aplazada tiene una causa concreta: las leyes se aprueban sin la dotación presupuestaria y los recursos humanos necesarios para implementarlas. La Ley de Recuperación de la Tierra Agraria de 2021 tiene mecanismos potencialmente eficaces — el Banco de Tierras, el Catálogo de Suelos, los polígonos agroforestales — que requieren técnicos forestales, agrónomos, juristas y mediadores en los territorios para funcionar. Sin esos recursos, la ley es texto.
La gobernanza territorial integrada tiene costes políticos reales: implica que unas consejerías cedan parte de su autonomía decisoria a un mecanismo de coordinación, que los municipios asuman criterios supramunicipales que pueden limitar su autonomía, y que los propietarios de tierra abandona acepten procesos de movilización que muchos perciben como amenaza a sus derechos. Esos obstáculos no son insuperables, pero requieren diagnóstico honesto.